Sin nombres, ni palabras… a veces es posible.

Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia… o pura intención.

 

 

Estaba ella sentada en un bar. La taza de café llena hasta la mitad estaba casi fría. Sus dedos sobre la mesa ya cansados de tanto ir de un extremo al otro. Su tristeza le desbordaba del cuerpo.

Llego él, muy desalineado, daba el aspecto de que no durmió bien la última noche. Se acercó a ella, como pidiéndole permiso para sentarse.

Que fascinante expresión. Cuando ella lo vió, en tan sólo una milésima de segundo, su rostro cambió. Esa tristeza que llevaba puesta, la borró con una leve sonrisa que contuvo.

Él se sentó. Estiró su mano como pidiéndole perdón, ella la retrajo un poco, pero terminó acercándosela hasta que se unieron.

El perdón ya estaba dado.

Se miraban tratando de entender la belleza del otro. Él no podía creer que una mujer tan hermosa quisiera amarlo, o lo amara. Ella no podía entender como alguien tan perfecto para ella, no quisiera intentarlo. Tanta emoción no les entraba en los ojos.

La gente que recién entraba los miraba con una cierta envidia, porque no se imaginaban lo que estaba pasando por sus cabezas.

Una lágrima cayó en el café que ya estaba frío.

Él no lo soportó más y se le escapó el alma en un beso. Tendrían que haber visto la pasión con la que hablaban, mejor dicho, con la que gritaban sus cuerpos, sus manos. Parecía que en cada bocanada de aire, incorporaba una parte del otro, los llenaba esa entrega arrebatada. Cada tanto, abrían los ojos para darse cuenta que era real, que ella estaba ahí, que él estaba ahí, que sus labios se rozaban, que su mano acariciaba su cara, que esto no tiene por que acabarse, que quisieran que ese beso durara por siempre.

Separaron sus labios, como si fuera algo que hubiera estado unido hace ya mucho tiempo. Sus manos se aferraron más fuerte.

El perdón ya estaba dado.

Ella se levantó y fue al baño. Él tomó el café que estaba frío. Miró al resto de las personas que estaban en el bar, aunque no los veía, el estaba reflexionando. Pensaba si era esto lo que quería; pensaba si valía la pena; pensaba si encontraría a alguien tan inexplicablemente perfecta; pensaba si podría ser tan feliz, como lo es con ella, con otra persona; pensaba que a veces los “si” son necesarios que se den oportunamente, y que un error de esta estirpe se puede llevar para el resto de su vida como una herida que nunca cicatrizará.

Ella volvió, él volvió. Se acerco a él, él la tomó de la cintura y apoyó su cabeza en su abdomen, y se fundieron nuevamente.

Se preguntarán ¿Qué pasó? ¿Qué fue lo que sucedió con ellos? ¿Fueron felices? ¿Eligieron estar juntos?

La verdad no lo se porque esa historia se acabó cuando cerré la puerta del bar.

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