Amarillo y negro.

Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia… o pura
intención.

-flaca, ¿te movés?- nuestras miradas se imantaron.
Escuchaba mis latidos, lo raro, es que escuchaba los suyos. Ahí fue cuando
comprendí, que el tiempo es relativo, que esos segundos eran infinitos, que la
veía un instante que duraba eternamente. Acto seguido, se me deslizo una mirada
hacia sus senos, en realidad no fue hacia sus senos, fue hacia sus tetas. Mi
mente comenzó a imaginar su cuerpo desnudo rozando contra el mío. Es increíble
de lo que es capaz la mente, estaba ahí parado mirándola y escuchaba como
gemía. Hice un gesto de satisfacción y me di cuenta que me estaba mirando.
Siempre tuve una tez muy blanca, pero en ese momento sentía como me sonrojaba,
ese calor que recorre la piel y que te hace ponerte, aun, mas sonrojado. Se
acabo lo eterno. Ella seguía su rutina marcada en una agenda y yo volvía al
mundo de mis bocinas, de mis calles con pozos, de mis pasajeros enojados con el
mundo pero satisfechos con lo poco que pueden hacer.
-si, si, ya va, la p…..- ¿Por qué la gente tiene que cortar lo mas hermoso que
hay en la vida?, si podía avanzar, pero no quería, quería seguir allí mirando a
los ojos e imaginándome como nuestros cuerpos se rozaban. No lo van a entender
nunca, lo se, pero tampoco pretendan que yo no lo vi…-pero para flaco, no ves
que tengo a uno adelante, que querés que le haga- arranque casi derrapando.
Deje al pasajero en su destino. Era mi último viaje, estaba agotado y no quería
saber nada con nadie, no quería estar ni un segundo más en la calle, y no me
podía sacar de la cabeza esos ojos, ni esos senos, eh digo… no, esta bien,
senos. Estaba por llegar a mi casa, y por la radio me decían que un pasajero
había pedido especialmente por mi para realizar un viaje. –Estoy fuera de
servicio, hasta mañana-
Son
las siete y media de la mañana, hace una hora y media que arranque a trabajar y
solo lleve dos nenes a trabajar, la verdad no me interesa, estuve todo el
tiempo pensando en ella. La calle se muestra dura, sin darte la posibilidad de
que la domestiques. El día tras día, te demuestra que estas atado a una changa
interminable. No es un trabajo que te satisfaga por siempre. Es un algo
pasajero, que ironía, si al menos fuera pasajero. –Suba, suba, tirá de la
manija con más fuerza, ahí esta, ¿Donde lo llevo?- Tratas de acordarte sus ojos
mientras que tu mirada esta fija en la calle, tu cabeza casi esta de costado,
es una posición que refleja las pocas ganas de hablar con el pasajero, rezando
que sea lo mas pasajero posible. Si, a veces me hablo de tu. Es como que un
relator va adelantando mis movimientos, me hace sentir por una vez en mi vida
importante. Bueno, al fin estoy en el taxi son las seis y cuarto, en quince me
voy. –pasajero pidiendo por la unidad 4112 para 6.20 en Córdoba y Callao- y la
verdad que llego, me tiro el lance, que cosa estoy requerido che. –lo tomo-.
Pero era obvio, el transito me iba a atar la soga al cuello. –flaca, cancela el
viaje porque estoy clavado en Marcelo T. y Suipacha- ya fue me voy a mi casa.
Es muy raro que me soliciten y cuando lo hacen no puedo. La verdad parece que
todos los días fueran viernes trece. Tendría que haberme bajado y haberle dicho
algo. Siempre me pasa lo mismo, cada vez que se me presenta la oportunidad la
desaprovecho. Tendría, tendría, tendría, pero nunca tengo, nunca hago, nunca
avanzo, siempre duermo. Y ahora voy a tener esos ojos atormentándome por mucho
tiempo. Lo único que puedo hacer es acostarme y perderme en el somnífero de mi
almohada.

Llegue a mi casa, la
agonía del hogar que me esperaba, todo sistemáticamente en su lugar. Fui a la
heladera, saque una cerveza bien helada, la serví en un vaso empañado por la
grasa de un mal lavado, sentía como raspaba contra mi garganta, no duro mucho,
se perdió todo su cuerpo en mi estomago. No quería estar allí. Salí
prácticamente desesperado de mi casa. Recorrí mi barrio buscando el lugar
exacto donde reposar. Si, era exactamente debajo de aquel cedro azul. Me
sumergí en aquella vereda, era como si las raíces de las baldosas me tomaran y
no me dejaran levantar. Esa misteriosa sensación, de estar en armonía con una
calle tranquila, con un mundo de árboles, con un viento que no te hecha, mas
bien te acompaña, con una temperatura que nunca fue tan justa, el ecosistema
perfecto para descomprimir la vida. Un cigarrillo en mi mano, un increíble
espacio a mi lado, el silencio me ayudaba a acordarme de aquella muchacha, ¿Me
ayudaba? ¿Qué haría si estuviera allí? Su cuerpo, apareció en medio de la calle
mirándome, sus ojos estaban soberbiamente apuntando a los míos, eran la guía
para un misil. Alguien comenzó a llorar porque mi cuerpo empezó a mojarse con
cada gota que caía, pero ella no se movía, estaba quieta mirándome debajo del
agua, no existía mejor escenario, ya mi mente estaba con ella, no existía nada
mas que ella. Estaba debajo de ese cedro azul y no podía pensar en otra cosa
que en tenerla allí abajo, quería verla desnuda, aunque el agua ya me
deslumbraba con sus pezones, que me invitaba a sacarle la remera mojada. Sentía
en mis manos lo erizado de su piel, podía sentir como suavizaba su piel, como
se suaviza el terciopelo a contra piel. Un flash y sin aviso, sin ninguna
notificación, dejo de llover, voltee para verla pero no estaba. No había razón
de ser por la que este debajo de ese cedro. El camino a mi casa no fue igual
que el que tome a la ida, en realidad era el mismo, pero estaba cálido, había
como si fuera una especie de vapor, lo sentía en mis manos, ya nada iba a poder
enfriar lo que sentía por aquella mujer. Ahora si no había forma de que no me
atrape la cama.


Rutina, rutina, rutina. En el taxi, a la mañana, a
la tarde, y a la noche, siempre del mismo color. Pasajero, pasajera, hombre,
mujer, niño, niña, como esta la calle, ¿vio?, este gobierno siempre igual, mi
jefe me tiene podrido, es un explotador, la verdad es que… para mi… mi marido
tiene otra, etc., etc., etc. Todo el día tirado a la basura con el único
objetivo de alimentarme. Y bueno ¿Quien dijo que teníamos que vivir toda la
vida, y no regalarla?
Son las 6 nuevamente. –pasajero pidiendo por la unidad 4112 para 6.15 en
Córdoba y Callao- Es el mismo, de ayer. -lo tomo- Son seis y veinte y este que
no baja. Estaba nuevamente con la cabeza de costado mirando a través del
parabrisas –que haces flaco- estaba sacando la cabeza por la ventanilla –¿tás
loco? ¿Como me vas a tocar el auto?, tomátelas flaco, tomate…- abren la puerta,
y entro golpeándome la cabeza con la puerta –¿radio taxi?- la vos mas dulce que
escuche en mi vida, acompañada de aquellos ojos que no me puedo sacar de la
mente. Era ella. No pude evitar ponerme en posición de dandy. –si, a donde te
llevo- Mientras que la llevaba, no paraba de mirarle los ojos por el espejo
retrovisor. Deseaba entablar una conversación, ver como sus labios se movía en
dirección mía al realizar una pregunta, sentir su aliento. Tendría, tendría,
tendría. Me canse. –¿sabes que?, yo te conozco de algún lado- hay dios, le hice
el “yo te conozco”, como voy a remontar esto. –la verdad, es que te vi hace
unos días en la calle, y no puedo sacarme tus ojos de la cabeza- no puedo creer
lo que hice, frene el auto, me gire hacia ella –disculpame, si te incomodo,
pero te lo tenia que decir- ella me apretó fuertemente mi pierna desde el
asiento de atrás y se abalanzo sobre mi. Nos perdimos en un beso, tan profundo
y tan enérgico, que no nos importo nada ni nadie éramos solo nosotros. Mientras
que nos besábamos, repetía una y otra vez –temía que nunca te volviera a ver-.
Fuimos directo a su casa, apenas abrió la puerta la tome y la lleve a la cama.
El olor a limpio, daba muestra de con quien iba a hacer el amor. Estaba todo
preparado para mí. Estaba todo preparado para que entrara en su casa y en su cuerpo.
No aguantaba ni un segundo mas sin estar adentro suyo, no me interesaba que la
puerta había quedado abierta al igual que las persianas, tenia que estar
adentro suyo. La ropa huía de su contorno, era la mas perfecta manifestación de
una rosa perdiendo sus pétalos, entregando su interior, fui brusco, pero
intenso. El deseo, se sentía en el aire, su cuello estaba buscando ser mordido,
tan estirado, tan tensionado, sus venas me endilgaban la difícil tarea de ser
su poseedor. Sus pezones eran tal cual los había visto mientras que llovía en
la calle, se movía tan complaciente con lo que le estaba haciendo, que
alimentaba mi ego. Seguíamos haciendo el amor, y no liberaba a mis ojos, los
tenia incautados bajo su exclusivo dominio. –Quiero que estés siempre adentro
mío- fue tan excitante que me dijera, eso. Las sabanas estaban arrugadas, y me
comprometí interiormente, a arrugarlas más. Se tomo firmemente del respaldo de
la cama, dándome la llave para que la hiciera alcanzar las estrellas, sus ojos
se cerraron. Se estaba terminando todo, estaba por terminar de llover, estaba
por empezar a llover, pero no podía parar de moverme, su piel erizada ya se
tornaba lubricada por mis manos, ese cuerpo ya era mío, y yo sentía el placer
que experimentaba. ¿Hay algo mas lindo que experimentar el placer que siente el
otro?, el cuerpo esta cada vez mas pegado, estamos siendo miembros de una
cofradía de dos que velan por las sensaciones del otro, la piel no existe, no
existe nada mas que nuestra sangre, estamos unidos, estamos perdidos, -te
necesito-, nos deshacemos en la erosión de nuestros suspiros, -te deseo-,
estamos gritando sonidos que nadie escucha que todos escuchan, nuestras manos
están tratando de cambiar de estado, la fuerza, la incontenible necesidad de
explotar en una pared, -quiero escucharte-, nuestros pechos están presionando
para que no amemos a otros, ¿existe algo mas hermoso, que mirar a los ojos a la
persona con la que estas haciendo el amor?, -abrí los ojos-, estamos
deliberadamente vertiéndonos sobre el otro, no hay sensación placentera que
vernos a los ojos, -apretame fuerte-, nos soltamos, nos atamos, nos estamos
perdiendo, pero nos encontramos, estamos en una línea, estamos en el borde,
estamos sintiéndonos, estamos a punto de pasar a ser …LIBRES…
En la calle, me esperaba mi auto. Ya habíamos terminado, no se si la volvería a
ver. No se cuanto tiempo es la infinidad, pero yo la había conocido en sus
brazos. Los segundos ya estaban anotados en la pizarra. Nada va a volver a ser
igual. Aquella noche me divorcie.

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