Sobre la naturaleza del escorpión.

Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia… o
pura
intención.


 

        
Cuando
termines de desayunar, cerrá todo y dejale la llave al portero. La pasé muy
bien. Chau.

        
Veo que
no es la primera vez que hacés esto.

        
Ves
bien, que inteligente que sos, eso me encanta de vos – veo que no ganarías un
premio Nobel de física – Chau.

 

Igual se debería considerar afortunado por haberse quedado a dormir.
Son pocos los que logran sobrevivir a ese teléfono que me obliga a llamarles un
taxi.

No siempre fui así. Ser como soy me costó mucho trabajo. El problema
no era que siempre que estaba con alguien, se enamorara de mí, sino que yo también
me enamoraba de ese alguien. Se había vuelto una costumbre venenosa. Me costó
un corazón roto -bah! Digamos dos con el mío-, pero lo pude hacer, pude separar
eso que en ningún momento debió estar unido a lo otro. La cama es la cama, y la
“elección” del amor es algo completamente distinto. El problema es que desde
aquella conquista nadie vale suficientemente la pena como para dejarlo entrar a
ese calabozo con doble candado donde se encuentra aislado mi corazón. Éste es
demasiado individualista. Éste es demasiado tonto. Éste es demasiado musculoso
y… tonto. Éste es demasiado inteligente. Éste me aburre. Éste me metería lo
cuernos tantas veces como pestañea -que dicho sea de paso, son muchas-. Éste le
da demasiada importancia a lo que dice la madre. ¡Que horror! Éste va a ser
igual que su padre. Éste no sabe lo que quiere. Éste solo me quiere para tener
sexo. A éste le falta tanto por aprender en la cama. Éste tiene menos futuro que
una mariposa -está muy bueno, pero deje de creer en el amor pobre hace mucho- y
no tiene auto. Éste es demasiado perfecto, algo debe tener, seguro es gay.  Lo mas gracioso es que el que generó mi cambio
debe ser el que mas nucleaba todos estos impedimentos. De él me enamoré, y de
esos tantos hombres perfectos que me trataron tan bien, no pude hacerlo.

 

Noche de bar. Estoy en la barra tomando vino. Entra un tipo sin
compañía, con las llaves del auto en la mano. No las piensa guardar –tal vez
porque no se piensa quedar mucho tiempo-. Tiene un cartel en la frente que
dice: “se me acabó la plata para putas”. Obviamente viene hacia mí. Se me
sienta al lado. Pide un whiskey -¿Quién les dijo que tomar whiskey nos atrae?-
y me pregunta: “¿Estás sola linda?”, a lo que yo le contesto muy
simpáticamente: “no pierdas el tiempo”. Se va. Rechazo a un tipo y el gordo de
al lado, que estuvo dos horas pensando como hacer para encararme, piensa que lo
rechacé porque lo estoy esperando a él, y no tiene mejor idea que tirarse un
lance. Pobre gordo ¿Le habrá dolido la cabeza al rebotar contra la pared? Y
cuando le estoy pidiendo la cuenta al barman, siento una voz increíblemente
seductora que me dice: “¿Vamos?”. Le hago un análisis rápido. Un pendejo de
unos 22 años, que esta bastante bien. “…vamos”.

 

        
Cuando
termines de desayunar, cerrá todo y dejale la llave al portero. La pasé muy
bien. Chau.

        
¿Pero cómo?
¿Ya te vas?

        
Si, yo
si trabajo. Chau.

 

 

…y
fue en el café La Croix
que ella sonrió, y sus parpados se abrieron, y sus mejillas ruborizadas no se podían
ocultar, y sus manos temblorosas no sabían donde reposar, y entonces el supo
que estaba en el lugar correcto…

 

Satisfactoria enérgica noche pasajera. Cuatro palabras que definen una
noche con un “pendejo”. Pero siempre se queda solo en esas cuatro palabras. A
veces extraño esas noches en las que disfruto el post-sexo, riendo horas y
horas en la cama, hablando sin parar –tal vez hasta da ganas de conocer al otro
¿no?-, esa copa de vino, esas velas encendidas que tardan tan poco en apagarse,
ese disco que a la cuarta vez que se repite me doy cuenta que sigue sonando,
ese amanecer que me demuestra el tiempo que pasó. Son pocas las veces que pasa
esto, lo que me demuestra lo vacío que se han tornado las relaciones humanas.
Igual tampoco me lamento demasiado. Si se volviera rutina perdería la gracia, y
cualquier pendejo valdría la pena. Dios, necesito vacaciones. Tal vez me vaya a
Europa, hace tanto que no estoy con un europeo. Preferentemente italianos o
franceses.

Digamos que esta situación que elegí para mi vida actual, tiene sus
pros. La realidad es que también me cansé de desconfiar de quien tengo al lado.
Olfatear que me está mintiendo y no poder decirle nada por miedo a “ofenderlo”.
Verme envuelta en situaciones maquilladas que intentan tapar una inútil
mentira. Así se que no necesito, ni puedo pedir explicaciones –digamos que
tampoco me interesa-, pero el otro –o los otros- tampoco pueden –aunque les
interese- hacerlo. El que avisa no traiciona. El problema es que cuando les leí
los derechos ya estaban presos, pero que le vamos a hacer, ellos (¿) eligieron
(?).

 

A la
pregunta:

“¿Tenés
miedo de que te vea un psiquiatra?”

La
respuesta:

“Si”

A la
pregunta:

“¿Por
qué?”

La
respuesta:

“Porque
se va a dar cuenta que estoy loca”

 

Hoy me desperté, me mire al espejo y me di cuenta que nací de nuevo en
esos días en que me veo fea. Hoy no me gusto. Hoy mi narcisismo se tomó
vacaciones. Elijo mi ropa más provocativa. Una camisa apretada con una tela
particularmente fina, abotonándola hasta que se forme un escote poco casual.
Una minifalda, la cual no es necesario explicar. Y la lencería me la reservo.
Salgo a la calle. Camino por donde se que 
voy a encontrar varios coros de hombres. El canto de las sirenas no se
hace esperar. Es lo que necesitaba. Es lo que necesito. Es lo que vine a
buscar. El medidor de mi ego sigue medio vacío, tengo que ir a otro lugar. El
subte es un buen lugar pero elimina las posibilidades de ir a la cama. Un bar
es demasiado sencillo. Probemos con una plaza. Tengo que buscar un banco donde
sentarme. Ya sentada tengo que leer un libro como para parecer interesante
–aunque se que no lo soy (no es mi culpa es la culpa de este día)- y así
esposar a la presa. La táctica que utilizo es simple. Es la victima la que
tiene que creer que me esta cazando. Hay que hacerle pensar que él me elige,
que me engatusa y que yo pobre muchacha ingenua caigo en sus redes. Ahora hay
que elegir el trofeo. Tiene que ser alguien que realmente sea lo
suficientemente lindo como para rebasar el medidor del ego. ¿Que están mirando
esas chicas tan atentamente? Ah, ahí veo que están mirando. Lo lamento chicas,
pero nunca tuvieron una chance. Manos a la obra. Me siento en frente de él y
saco mi libro. Ahora es cuestión de esperar que muerda la carnada. Ya cayó,
está mirándome. Le devuelvo una pequeña intensa mirada, para que piense que me
tiene acorralada, para que pueda atacar. Dejo caer mi señalador “sin darme
cuenta” y… listo, se acerca a mí. Se agacha, lo recoge, me lo alcanza y al
mismo tiempo dispara:

 

        
Espero
que no lo estés tomando como un libro de recetas.

        
¿Qué?

        
“La
insoportable levedad del ser” de Milan Kundera. Espero que no lo estés tomando
como un libro de recetas.

        
¿Te
gusta Kundera?

        
Salvo
cuando trata de volverme loco, si. ¿Estás esperando a alguien?

        
Puede
ser

        
¿Qué
puedo hacer para que ese “alguien” sea yo?

        
Tal vez
invitarme un café, ¿no te parece?

 

…y
la araña salió de su escondite porque supo que algo había caído en su telaraña.
Y fue entonces cuando estaba completamente sola, en su propia red, que se dio
cuenta que había dejado solas a sus crías…

 

 

Hace mucho que no pasaba una noche tan buena. Pareciera que sabe muy
bien todo lo que hace. Todo estuvo perfecto. Que buena noche. Pero todavía se
puede poner mejor, todavía no terminó. Pero… ¿por qué se esta cambiando?

 

        
¿Qué
pasa? ¿No te quedás?

        
No puedo
bebé, tengo que trabajar temprano.

        
¡Ufa! Me
habían agarrado ganas de que te quedes. ¿No podés irte a trabajar desde acá?

        
No
puedo, tengo documentación importante en mi casa. Por eso nunca hay que llevar
trabajo a casa, te complica la vida.

        
Bueno,
voy a tener que dormir solita –el medidor no se va a llenar mas-.

        
Pero
igual te dejo mi teléfono y cuando tengas ganas me llamás ¿Dale?

 

Se fue. Me dejó sola. Ahora tengo que trabajar en la táctica para poder
enamorarlo y así completar el “medidor”. El mejor jugador de póker, no es el
que tiene cara de nada, sino el que logra transformar su rostro a lo contrario
de lo que debería tener. Va a esperar mi llamado porque es tan orgulloso que no
se va a animar a llamar. Va a tener que esperar mucho hasta ese momento en el
cual se pierden las esperanzas. Es ahí cuando lo voy a llamar. Es ahí cuando lo
voy a tener comiendo de mi mano nuevamente.

 

        
¿Cómo
que no podés?

        
Tengo un
montón de cosas para hacer, bebé. Pero el sábado no tengo ningún compromiso.
¿Te parece?

        
Si, me
parece bien.

        
Bueno,
chau linda.

        
Chau.

 

¿El vino? Está preparado. ¿La comida? Casi lista. Solo falta él. Ahí
llegó. Lo recibo con un beso.

 

        
Como te
extrañé, bebé.

        
Yo también,
–estás por caer de nuevo. Se nota que te morías de ganas de verme, por eso te
vestiste tan lindo. Tan lindo.- que lindo que estás. –realmente, que buena
presa, este podría ser mi retiro. Vale la pena. Hasta podría… no. No, me puedo
enamorar. Los hombres son todos iguales… ¿y si no lo son? ¿y si él es
distinto?- ¿Qué estas esperando para llevarme a la cama?

        
Que me
lo pidas.

 

¿Y si él es distinto? ¿Y si estoy desperdiciando la última posibilidad
que tengo de estar bien con alguien? ¿Y si le doy una oportunidad? ¿Y si me doy
una oportunidad? Es sin duda atractivo, es profesional, y parece buen tipo.
Vamos a ver como sale.

 

        
¿Y que
planes tenés?

        
¿Con
respecto a que?

        
No se, a
tu vida, futuro. Que se yo. ¿No tenés planes?

        
La
verdad que no. En este momento lo único que pienso es en vos.

        
¿Si? ¿Y
por que no me llamaste en todo este tiempo?

        
¿Será
porque no tenía tu teléfono? Me estaba muriendo de ganas de verte y no aparecías
más.

        
Perdón,
es que tenia muchas cosas en la cabeza.

 

Un beso… dos besos… y… nuevamente sexo.

Quiero verlo de nuevo. Ya tiene mi teléfono y dijo que hoy me va a
llamar para que nos volvamos a encontrar. Pero no suena. Que tortura. Y yo que
pensaba que no me iba a enamorar más, que iba a ser una eterna soltera. ¡Suena,
suena!

 

        
Pero en
tu departamento, dale, que lo quiero conocer.

        
OK.

 

Espero que se de cuenta que quiero pasar al siguiente nivel. El está
en la misma que yo. El ya se enamoró apenas me vio, es obvio.

 

        
Bebé,
que bien la pasé anoche.

        
Yo también.
¿Cuándo nos volvemos a ver?

        

        
¿Tanto
hay que pensar?

        
Bebé. No
nos vamos a volver a ver. Más de tres veces no me veo con nadie. Es lo mejor
para los dos. Cuando termines de desayunar, cerrá todo y dejale la llave al
portero

        
Eso de
que en lo único que pensabas era en mi era para asegurarte el tercer encuentro,
¿No?

        
Que
inteligente que sos, eso me encanta de vos. Chau.

 

Cuando
cerró la puerta ya sabía cual era su peso, cuanto calzaba, cuales eran sus
medidas, cuales eran sus gustos, y en que cama le iba a entregar su partida de
defunción.  

 

En
un mundo de caníbales alguien tiene que ser presa y alguien tiene que ser
depredador.

 

Man fühlt sich wohl im Guten”
pero mejor en el mal.

 


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